Nunca dejarán de sorprenderme las complejas estrategias de marketing que los americanos urden con sus candidatos en sus campañas electorales. Claro que si conociéramos a fondo todas las triquiñuelas y teje manejes montados para vendernos la imagen de éstos, nuestra percepción sería muy diferente.

Estas elecciones americanas se están convirtiendo en un claro ejemplo de la influencia del marketing en el consumidor y también de aquella máxima que dice que los que invierten en publicidad en épocas de crisis tienen más posibilidades de sobrevivir. Aunque en este caso sólo habrá un ganador y aún está todo por decidir.

La campaña electoral de los demócratas con su candidato Obama está siendo sencillamente brillante. No sólo han conseguido vender al mundo entero la imagen de algo nuevo y que representa una gran evolución en la política americana, sino que además han conseguido borrar cualquier punto oscuro en el pasado y presente de su candidato para convertirlo en un ser perfecto. Ni siquiera los intentos de los republicanos por vincularlo con grupos islámicos y todo lo que ello representa para el pueblo americano, han tenido la mínima incidencia en su carrera a la presidencia, sino más bien al contrario.

La veteranía y la experiencia del candidato republicano McCain no han sido elementos suficientemente convincentes para hacer frente a la imagen fresca y renovadora que representa Obama. Y entonces apareció Sarah Palin, una clara demostración de cómo es posible hacer frente a la competencia, fabricando un candidato, como mínimo a la vicepresidencia, en tan sólo cinco semanas.

La señora Palin ha resultado ser una excelente aprendiz capaz de asimilar en muy poco tiempo una gran cantidad de ideas y conceptos imprescindibles para combatir en la arena electoral. Pero sobretodo, la señora Palin, gobernadora de Alaska, está protegida por la coraza de su condición femenina, su maternidad e incluso su inexperiencia y sus más que patentes defectos, que incluso ella misma se encarga de exagerar.

Nadie duda de sus dotes de comunicadora y de su capacidad para sintonizar con el gran público. Tiene una sonrisa luminosa, sabe mirar a la cámara y hasta insinuar un guiño directo al espectador, por muy ensayado que parezca. Y lo más importante. Palin ha conseguido cubrir las debilidades y defectos que presenta su veterano jefe.

El estilo Palin crea tendencia y ya no sólo tiene imitadores y seguidores, sino hasta disfraces e incluso películas porno aprovechando su imagen. Pero, a diferencia de Obama, su equipo no ha sabido borrar los puntos oscuros de su pasado ni de su presente, y ahora salen a la luz los derroches de la gobernadora y su familia, que no es poca, a cargo de las arcas públicas, que son claramente contrarios al tono populista de su campaña.

Sarah Palin ha tenido que mejorar su imagen y mientras vende su sencillo estilo, despreciando a la “élite de Washington”, lleva gastados más de 150.000 $ en modernizar su fondo de armario y el de su marido con las mejores marcas de las mejores tiendas y diseñadores de Manhattan, y otros tantos miles en maquillaje y peluquería.

Aunque la decisión final está como siempre, o al menos eso dicen, en manos del pueblo, lo que está claro es que atendiendo a la estrategia electoral, mi voto es para Obama y sus impecables trajes, que nadie sabe cuánto cuestan.